El aprendizaje y el desarrollo de las competencias
Últimamente
nos hemos visto inmersos en un arduo proceso de elaboración conceptual a
propósito de planear nuestro trabajo
docente orientándolo a que los
estudiantes desarrollen competencias. Encontramos la noción de competencia frecuentemente articulada a otros dos constructos
educativos fundamentales: las situaciones de
aprendizaje y el aprendizaje
significativo.
Al mismo tiempo,
no pocos de maestros expresan y muestran dificultades para comprender y manejar
esas nociones. De ahí nuestro interés por profundizar en el tema y compartir
los hallazgos confiando en que serán útiles a todos aquellos actores educativos
que se ven cotidianamente exigidos por estos procesos de diseño e
instrumentación curricular.
En El aprendizaje y el desarrollo de las competencias, Vargas problematiza
el tema a partir de la nueva exigencia educativa: desarrollar competencias y hacerlo a partir de
aprendizajes significativos y situados en la realidad. Interroguemos con
él a cada una de esas nociones poniendo
sobre la mesa de análisis algunos supuestos que
aceptamos como incuestionables: competencias, aprendizaje, Aprendizaje
significativo y aprendizaje situado.
Como ya lo
expresamos, problematizaremos el tema a partir de la nueva exigencia educativa:
desarrollar competencias y hacerlo a partir de aprendizajes significativos y
situados en la realidad.
Sobre las competencias
Lo primero que la noción de competencia nos ofrece es una asociación de ideas con la empresa y
el trabajo, así como con la relación directa que guardan estas nociones con el
mercado. Ronald Barnett, al tratar de establecer un marco conceptual
para comprender los límites de las competencias, hace una pregunta que es
central para entender este cambio en la educación superior: “¿Son los logros[v1] que busca el mundo del trabajo (al que debe responder la
educación superior) semejantes a los logros generales que la educación desde
siempre ha proclamado que persegue?”.[1] Reconoce sin
titubeos que “una ideología, la de la competencia académica, está siendo
desplazada por otra: la de la competencia operativa”.[2] Significa que “el interés de la sociedad se inclina
hacia formas de conocimiento que tienen un valor de uso en el mercado del
trabajo”.[3] Barnett
identifica pues estas dos tendencias, la académica y la operacional, y afirma que
ambas “reflejan mundos e intereses limitados (el mundo académico y el mundo del
trabajo)”.[4]
En este marco
neoliberal de los países del primer mundo categóricamente se afirma:
"Parte de la razón por la que en la actualidad la competencia se considera
un asunto de tan inmensa importancia potencial quizá sea la suposición existente en gran parte de la
literatura de que se está viviendo una época de grandes e intensos cambios
tecnológicos que están reconfigurando radicalmente los mundos socioeconómicos
en los que operan las competencias y que los ciudadanos del siglo XXI deben
adaptarse a esta nueva realidad".[5]
Y
sin embargo, aun a pesar de esta realidad insoslayable y del peso específico
que tal circunstancia está teniendo en el diseño de los nuevos planes de
estudio, conviene reflexionar respecto de la diferencia fundamental que existe
entre este tipo de competitividad operativa
propia
del mundo de las empresas, y la competencia
cognitiva en el ámbito propio del mundo académico al buscar, éste último, establecer
una mejor articulación entre los objetos de estudio (conocimiento teórico) y
los objetos socio-profesionales (praxis del conocimiento).
En
toda competencia empresarial, deportiva, etc., ciertamente se compite y para
ello se debe ser competente, pero hay una diferencia fundamental entre ser competente y ser competidor. Ser competente refiere a unas
capacidades que aun siendo operativas, se encuentran articuladas
sustantivamente con distintas formas del saber; ser competidor en cambio,
refiere a un rol concreto dentro de unas relaciones sociales de ganar-perder.
El riesgo de confundir capacidades socio-profesionales, siempre y
necesariamente articuladas a determinados campos del conocimiento, con roles
socio-profesionales articulados a necesidades empresariales de sobrevivencia en
los mercados donde operan, puede conducir a las instituciones educativas a convertirse en simples
reproductoras de las habilidades operativas que las empresas requieren para
competir, amén de promover en los estudiantes el individualismo profesional
bajo el falso supuesto de que sólo siendo un buen competidor se puede ser
competente. De no acompañar el desarrollo de las competencias con reflexiones
de fondo, las instituciones educativas podrían acabar transformando la formación
que hoy se asume como una formación inteligente y
ética para servir, en una formación automatizada y
eficiente para ganar.
Eduardo
Arias, frente a estas realidades y en oposición al modelo operativo
empresarial, sugiere "dejar
de lado la competitividad con su subrayado laboral e individualista para
desarrollar competencias que enfatizan el aprendizaje personal y en
colaboración".[6] Aquí, Arias hace
énfasis en la necesidad de tomar en cuenta el factor humano y social al
desarrollar competencias, pero nos preguntamos si no haría falta también señalar el daño cognoscitivo que
implica sacralizar el modelo operativo-empresarial tradicionalmente
desarticulado de la reflexión teórica que exige el verdadero conocimiento. La operación de la realidad, cualquiera que ésta sea, demanda operaciones cognitivas
más simples y menos relacionadas con la teoría que las que nos exige la comprensión de la
realidad con toda su complejidad.
A
partir de estas primeras consideraciones, ya podemos cuestionarnos si no sería
conveniente para el mundo académico, entender y concebir la noción de competencia en un sentido
más amplio y profundo que sólo aquel que ofrece su origen operativo y
empresarial. Compartimos
con otros autores humanistas[v2] , la idea de que el desarrollo de las competencias debe
incorporar la dimensión colaborativa y humana a fin de fomentar un cierto
espíritu comunitario aun en el ámbito del trabajo y la empresa, pero sobre todo
estamos preocupados por el carácter anti-reflexivo y anti-conceptual que la
noción de competencia parece estar fomentando en el ámbito educativo. ¿No queda la práctica
profesional desprovista de sentido si se le desarrolla sin análisis y reflexión
teórica? ¿No toma el mundo de la empresa un control excesivo de las operaciones
socio-profesionales si se desnudan éstas de
su carácter reflexivo y conceptual? Llevada nuestra
inquietud al extremo, nos preguntamos: ¿cómo se opera el mundo sin comprenderlo? O mejor, ¿a qué intereses sirve una
operación del mundo sin su reflexión y su comprensión? ¿No debería entonces ser considerada la competencia[v3] –por lo menos en el mundo académico- como una noción que
incluyera un diálogo de ida y vuelta entre el objeto socio-profesional al que
sirve utilitariamente y el objeto de estudio que la provee de significado y
sentido?
Las
nociones mismas de capacidad y capacitación, tan
reivindicadas por los teóricos de la competencia, refieren a esquemas
educativos ligados a la acción misma y a los
espacios propios de la empresa. Ésta es la razón por la que creemos que en el
mundo académico esta noción ha perdido su sentido semántico original, es decir ”hacer a alguien capaz de” para convertirse
en un concepto que identifica los programas formativos propios de las empresas
con fines estrictamente operativos y utilitarios. Se capacita en y para la acción misma. En otras palabras, se capacita a un vendedor para vender
ciertos productos, a un obrero para operar determinada máquina, a un supervisor
para llevar ciertos controles, etc. Entonces, ¿cómo y por qué razones habremos de re-significar esta
noción para que tome un significado más académico que vincule los marcos
referenciales teóricos del estudiante con la acción misma en que se ponen en juego precisamente esos
saberes? ¿Es esto posible? ¿No conspira de origen, académicamente hablando, la
noción de capacitación contra la noción misma de educación? ¿Capacitar y educar son
realmente cosas distintas? ¿Por qué? ¿En qué estriba la diferencia que
hace a los académicos alejarse de la capacitación para
atrincherarse en la educación, al mismo tiempo
que a los empresarios alejarse de ésta para atrincherarse en aquella? Este tipo de constructos[v4] pedagógicos, creemos, son los que deben ser examinados y
comprendidos suficientemente por profesores y funcionarios académicos universitarios, antes de lanzarse a modificar
y operar nuevos planes de estudios fundados –a veces sólo discursivamente- en
el desarrollo de competencias.
Sobre el aprendizaje en sí
Respecto
de la noción de aprendizaje, nos damos
cuenta de que en general, cuando en el mundo cotidiano se habla de aprendizaje, se comprende la
incorporación por parte del sujeto de unos ciertos contenidos provenientes del
exterior. Aun en el mundo escolar, esta primera aproximación cotidiana no es
del todo distinta de la usada por los profesores; quizá tal definición esté
algo más matizada por explicaciones pormenorizadas, pero se acepta en el mundo
académico en general la idea de que el aprendizaje significa fundamentalmente que el estudiante incorpora a su
acervo personal unos nuevos contenidos.
Nos
parece que esta comprensión de la noción, palabras más, palabras menos, deja
fuera la dinámica propia del ser humano en tanto proceso de autoconstrucción de
sí mismo. El énfasis, a propósito de los procesos de
enseñanza-aprendizaje, está puesto en la adquisición de unos
conocimientos, como si tales conocimientos fueran unas cosas que se atrapan y se almacenan tal cual en la memoria para
quedar luego disponibles si el sujeto las necesita. En el mejor de los casos, se aprende[v5] algo cuando el sujeto asimila información de la realidad a determinadas estructuras en el
cerebro que luego permiten, a partir de la evocación de esa información
incorporada, comprender nuevas realidades.
Considerar
los conocimientos como una realidad construida por el propio
sujeto en el proceso mismo de aprenderla, exige, al común de los profesores
universitarios, comprender unos
niveles de complejidad[v6] cognitiva que ya no fácilmente entran en su dominio
conceptual. Por lo demás, para muchos de ellos, basta saber qué contenidos van a enseñar y qué estrategias didácticas deben usar para mediar mejor el aprendizaje; bajo esta concepción educativa
superficial y generalizada, si los estudiantes pueden reproducir los contenidos en los términos
que el maestro dice haberlos mediado, se da por
exitoso el proceso; poco importa
la modificación estructural y por tanto personal ocurrida en el estudiante como
consecuencia de esa relación educativa; eso pertenece, en todo caso, al
campo de una psicología educativa (o clínica) muy especializada que nada tiene
que ver con la educación en cuanto práctica social. ¿En qué examen final, de
prácticamente cualquier materia universitaria, se analizan y reflexionan los
cambios estructurales y personales ocurridos en los estudiantes en tanto seres
humanos por encima de los contenidos programáticos? En una clase de comunicación el examen final
contendrá preguntas a propósito de unos contenidos de comunicación vistos en clase,
de ninguna manera y en ningún caso habrá ahí pregunta alguna respecto de los cambios
ocurridos en las formas de comunicación del estudiante
en tanto persona.
Ante
tales consideraciones nos preguntamos si verdaderamente ¿el aprendizaje es algo tan absolutamente trivial[v7] que se puede observar y medir con base en unas simples
preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?. No negamos, en
absoluto, que unos determinados conocimientos se hicieron presentes en el
espacio de esa relación de enseñanza-aprendizaje, pero sospechamos que la
naturaleza del aprendizaje, como realidad existencial humana, está aquí
totalmente trivializada. Sabemos
que al aprender, el ser humano se transforma, si no fuera así, la evolución y
la civilización no se explicarían; entonces ¿por qué cuando se habla de
aprendizaje el énfasis educativo está puesto en los contenidos y en el proceso
de enseñanza-aprendizaje y no en la identidad personal y el proceso de
transformación del sujeto? En este sentido, nuestra sospecha va más allá de
sólo poner en cuestión la noción de mediación. Creemos que, al aprender, el ser humano está optando por una forma concreta de apropiación de la realidad, del
mundo. Reconocemos que al aprender, el ser humano almacena determinados datos,
pero no creemos que eso constituya propiamente el aprendizaje[v8] . ¿Qué es entonces lo que realmente lo constituye? Si es el
estudiante quién aprende y lo que aprende lo construye él mismo, ¿por qué
hablar de mediación? Evidentemente
el maestro actúa comunicacionalmente de una determinada manera que según él, media el proceso de aprendizaje del estudiante, ¿pero qué es lo que media[v9] ? Los
conocimientos ciertamente no, porque éstos están siendo construidos por el
propio estudiante.
¿Cómo
hablar entonces de aprendizaje
significativo y de aprendizaje situado sin antes haber
establecido la naturaleza profunda del aprendizaje como tal, en unos términos
además que develen cómo sucede –en virtud de este aprendizaje- la
transformación profunda del sujeto? ¿Se deriva
precisamente de esta transformación profunda de la persona que aprende
la posibilidad de que el aprendizaje sea o no significativo?
Sobre el aprendizaje significativo
Esta
última pregunta nos lleva directo a una nueva sospecha: ¿por qué hablar de aprendizajes
significativos como algo que hay que
conseguir? ¿No es acaso todo aprendizaje, de facto, por serlo, un aprendizaje significativo[v10] ? ¿Es posible el aprendizaje no-significativo? Algunos autores consideran que el
aprendizaje no significativo es aquel que solo es discursivo y memorístico. Aun así sostenemos la sospecha: ¿no es el número de teléfono de
una posible cita para un adolescente un dato estrictamente discursivo que ha
sido almacenado memorísticamente, y al mismo tiempo ser un dato sumamente
significativo? ¿Este dato constituido por apenas 8 dígitos es pura información
numérica? ¿Es conocimiento? ¿De qué tipo? ¿Este dato numérico, al haber sido
obtenido y memorizado, produce en alguna medida una transformación estructural
y personal en el adolescente que nos ocupa? ¿En qué consiste pues que un dato
tan simple se convierta en un aprendizaje significativo?
Se nos ha dicho en los enfoques educativos
propios de la psicología humanista-existencial que el ser humano aprende significativamente sólo aquello
que percibe como necesario para la sobrevivencia o el desarrollo del sí mismo, pero hay otras corrientes teóricas propias del
constructivismo que conciben el aprendizaje significativo más bien en los
términos de un aprendizaje donde los contenidos nuevos pueden ser
asimilados a los viejos, dentro, siempre, de la estructura cognitiva del
sujeto. Nos preguntamos por tanto qué relación hay entre estas dos posturas
aparentemente distintas. Si bien no hemos encontrado literatura que las una
conceptualmente, creemos que ambas tienen como eje de su reflexión al sujeto y
sus estructuras afectivo-cognitivas desde las cuales entiende y resuelve la
realidad.
Ahora
bien, si aquello que da significado al aprendizaje tiene que ver con la
sobrevivencia del sujeto, con el desarrollo del sí mismo, o con la potencialidad cognitiva de los viejos esquemas de
entendimiento que permite asimilar los nuevos, no vemos por qué sólo la acción humana pueda abrogarse el atributo de producir aprendizaje
significativo descalificando el poder cognitivo del discurso. ¿No será que la convivencia y a
veces el sincretismo ideológico de los enfoques activos de la educación nos han
hecho olvidar la profundidad con la que el lenguaje hablado y escrito ha
permitido heredar y desarrollar, generación tras generación y a través de toda
la historia de la humanidad, un gran porcentaje de los significados que le son
relevantes al ser humano? ¿Es realmente el discurso verbal un
instrumento educativo tan inapropiado? No negamos las virtudes de la acción y
del poder que tiene para promover la construcción del conocimiento
significativo al poner en contacto directo el aparato cognitivo con los hechos
mismos de la realidad, pero abrigamos la sospecha de que esta postura, llevada
al extremo, pierde de vista otros elementos fundamentales. El discurso
magisterial en el aula no nos parece que sea en sí mismo una aberración
educativa.
Sobre el aprendizaje situado
En
este sentido y quizá por las mismas razones, cuando en las universidades se
trabaja en el diseño de nuevos planes de estudio y se incorpora a ese esfuerzo
la noción de aprendizaje situado, se hace de
forma muy restringida, es decir, entendiendo por situación de aprendizaje el ubicar los procesos mismos de enseñanza-aprendizaje
de unos ciertos contenidos <dentro> de aquellas realidades que permiten la acción y a través de las cuales se pretende desarrollar unas
determinadas competencias. La idea
educativa bastante generalizada de que el aprendizaje sólo puede producirse en
la acción y el desmesurado peso específico que se le ha otorgado al desarrollo
de las competencias como panacea de eficiencia operativa, enfocan e iluminan la
realidad misma en cuanto que es el lugar donde acontecen
los problemas que se quieren resolver, obscureciendo así, creemos nosotros,
otros aspectos fundamentales del concepto situar.
¿Qué
aprendizajes y qué competencias podría desarrollar un estudiante de secundaria
que teme volar en avión si se le sitúa dentro de la cabina de un Boing 747 y se
le pide que lo haga despegar y lo lleve a 16,000 m de altura? Sin
duda, en este caso, las estrategias de aprendizaje están situadas en una
realidad problemática concreta, sin embargo no están situadas cognoscitivamente
dentro de las posibilidades reales del estudiante, y ciertamente tampoco dentro
de su interés personal dado su temor a volar. Luego entonces, parece que cuando hablamos de situar
el aprendizaje, hay, además del lugar concreto donde se puede acceder a los
problemas, otras realidades de distintos tipos que deben ser consideradas como
parte fundamental de ese sitio donde se ha de ubicar el aprendizaje. No todo sitio, cognoscitivamente hablando, es un lugar físico y
concreto, ni la acción humana es simple actividad.
Por
último, nos preguntamos qué
relación[v11] guarda el aprendizaje significativo con el situado, ya que pareciera
ser que para distintos autores, al
situar el aprendizaje dentro del interés del estudiante también y
simultáneamente se está garantizando en alguna medida que tal aprendizaje sea
significativo. Es fundamental el análisis y la reflexión de todos estos
interrogantes si deseamos realmente articular en un mismo proceso de
enseñanza-aprendizaje las nociones: competencia,
aprendizaje, aprendizaje significativo y aprendizaje situado.
.
En busca de una definición de competencia
Creemos,
como Pérrenoud, que hoy día “no existe una definición clara y unánime de las
competencias".[7] Ello debido a la Babel educativa que en torno
del tema se ha desatado, al mismo tiempo que a la complejidad que supone pasar
de un enfoque educativo centrado en la exposición magisterial de conocimientos
-muchas veces memorístico y enciclopédico- a un enfoque donde los conocimientos
no son sino apenas una parte del proceso.
Quizá entonces
debemos comenzar por afirmar que justo las competencias no son conocimientos. En este
sentido, la definición que el propio Pérrenoud
da de competencia de hecho le otorga un valor relativo a los
conocimientos: "definiré una competencia –afirma él- como una capacidad[v12] de actuar de manera eficaz en un tipo definido de
situación, capacidad que se apoya en conocimientos, pero que no se reduce a
ellos".[8] Él considera que los
conocimientos “son representaciones de la realidad, que hemos construido y
recopilado de acuerdo a nuestra experiencia y a nuestra formación"[9], y por ello establece
una diferencia sustantiva entre estos y aquellas, ya que las competencias, para
él, sólo "utilizan, integran, movilizan conocimientos".[10]
Por otro lado,
las competencias tampoco son únicamente patrones de comportamiento operativo u
organizacional desprovistos de pensamiento y reflexión como a veces las definen
determinados modelos educativos o laborales[11]. Barnett, por ejemplo, al hacer una crítica al NCVQ (Nacional
Council for Vocational Qualifications) que es un marco británico para la
sistematización de la educación que hace énfasis en la competencia y los resultados,
señala que “el desafío ontológico final que se puede plantear contra el
planteamiento del NCVQ es que no ofrece una explicación seria para la relación
entre pensamiento y acción. Al estar interesado en la acción y el
comportamiento como tales –sigue afirmando él-, deja de lado por completo, al
menos en la vida profesional, el modo como la acción se carga de pensamiento,
de acción y comprensión”.[12]
Otros
autores, aunque miran las competencias en términos de acción, le otorgan sin
embargo a los conocimientos, los valores, las habilidades y las actitudes una
importancia sustantiva como atributos intrínsecos de tales competencias. Así,
por ejemplo, “Gonczi
definió a la competencia como una serie de atributos (conocimientos, valores,
habilidades y actitudes) que se utilizan en diversas combinaciones para
llevar a cabo tareas ocupacionales”.[13] De hecho, este
mismo autor en 1994 “acuñó el enfoque de competencia
integral u holístico, definiéndolo como una compleja estructura de atributos
(conocimientos, actitudes, valores y habilidades) necesarios para el desempeño
en situaciones específicas”.[14] En tal enfoque, Gonczi concibe las
competencias integrales y holísticas como una imbricada estructura
cognitivo-ocupacional que “integra y relaciona atributos y tareas, que permite
que ocurran varias acciones intencionadas simultáneas, (y) toma en cuenta el
contexto (y la cultura del lugar de trabajo) en el cual tiene lugar la acción”.[15] El potencial de
posibilidades combinatorias con que concibe Gonczi esta estructura cognitivo-ocupacional
llega a tal grado que “permite –afirma él- incorporar la ética y los valores
como elementos del desempeño competente”.[16]
De forma
parecida, también Pérrenoud asume que las competencias profesionales –por
ejemplo en el campo de la medicina- son altamente complejas y exigen mucho más
que unas determinadas capacidades operativas: "Las competencias clínicas
de un médico van mucho más allá de una memorización segura y de recordar
oportunamente las teorías pertinentes, al menos cada vez que la situación sale
de la rutina y exige relacionar, interpretar, interpolar, inferir, inventar, en
suma, realizar operaciones mentales complejas cuya organización sólo puede
construirse en la realidad, de acuerdo a saberes y esquemas del experto así
como según su visión de la situación”.[17] Lo mismo podría decirse de un ingeniero, de un abogado, de un
arquitecto, etc. En este mismo sentido, para Pérrenoud, las competencias de
un profesional o experto, “van más allá
de la interpretación operatoria, se basa en modos heurísticos o analogías
propias de su dominio, en formas de pensar intuitivas, en procedimientos de
identificación y resolución de cierto tipo de problemas, que aceleran la
movilización de los conocimientos pertinentes y su transposición y sirven de base
a la investigación y la elaboración de estrategias de acción adecuadas".[18]
Ahora
bien, estas definiciones pormenorizadas de la noción de competencia iluminan y nos
dejan ver su complejidad cognitiva. Contienen –nos parece - los mismos
ingredientes fundamentales de la definición que un grupo de maestros construyó
durante una sesión de trabajo colaborativo. Consignamos aquí ahora tal
definición no sólo por haber sido el resultado de un esfuerzo reflexivo y de
síntesis de maestros universitarios con una amplia experiencia cotidiana
docente, sino porque contiene una formulación sencilla al mismo tiempo que
completa, misma que nos va a permitir adentrarnos, a partir de ella, en el
análisis y la reflexión de las implicaciones que supone el desarrollo de competencias
en el marco del constructivismo. Hela aquí:
“Competencia es la capacidad para movilizar saberes en un
contexto determinado, en la acción y con éxito, para satisfacer necesidades,
atender situaciones, resolver problemas, tomar decisiones y/o lograr objetivos”.[19]
La competencia es una capacidad
Pérrenoud afirma que la competencia es una capacidad[v13] [20], lo que nos ha
llevado a suponer que el desarrollo de las competencias tiene que ver de manera
importante con procesos de capacitación. En este
sentido, es el propio Perrenuod que nos aclara el alcance de la cuestión cuando
postula: “Una persona que capacita no dicta muchos cursos. El coloca al estudiante en las
situaciones que lo obligan a alcanzar un objetivo, resolver problemas, tomar
decisiones”.[21] Y no deja ya
lugar a dudas cuando reivindica la labor educativa del capacitador: “En un trabajo
centrado en las competencias –postula -, el problema es el que organiza los
conocimientos y no el discurso. Así, se ignora una parte de la ciencia del
magíster. Sólo le queda reconstruir otras satisfacciones profesionales, la del capacitador, cuya pericia no
consiste en exponer saberes de manera discursiva, sino en sugerir y hacer
trabajar los vínculos entre los saberes y las situaciones concretas”.[22]
Coincidimos con
Pérrenoud en que es el problema el que
obliga a organizar los conocimientos pero diferimos en la connotación
peyorativa que le otorga al discurso. En este sentido recordamos la crítica
expresada por Ausubel: “pocos recursos pedagógicos de nuestro tiempo han sido
repudiados de una manera más inequívoca por los teóricos educativos que el
método de la enseñanza expositiva verbal. En muchos círculos está de moda
caracterizar el aprendizaje verbal como una simple recitación y memorización de
hechos aislados y rechazarlo con desdén como una reliquia arcaica de una
tradición educativa desacreditada".[23] Plantea, a diferencia de Pérrenoud y en general de los modelos educativos
basados en el desarrollo de competencias, que el aprendizaje se encuentra
dentro de un continuo que va de la memorización a la significación y del
discurso al descubrimiento, y no bajo la exigencia de tener que optar en una
realidad educativa dicotomizada: "Tanto la dimensión memorista[v14] ->significativo como la dimensión
recepción->descubrimiento del aprendizaje existen en un continuo en lugar de
tener una naturaleza dicotómica".[24] Ausubel
funda sus afirmaciones en el análisis y la reflexión desarrollados por él a
propósito de tres graves falacias educativas:
"…con
frecuencia se sostiene que los conceptos y las generalizaciones de carácter
abstracto son formas de verbalismo vacío y carente de sentido a menos que el
estudiante los descubra de una manera autónoma a partir de su propia
experiencia concreta, empírica y de resolución de problemas. En mi opinión, el
análisis detenido de esta proposición revela que se basa en tres graves
falacias lógicas: 1) considerar el método de aprendizaje verbal como una
técnica de <testaferro>; 2) la tendencia predominante a confundir la
dimensión recepción-descubrimiento del proceso de aprendizaje con la dimensión
memorista-significativo; y 3) la generalización injustificada de las
condiciones evolutivas distintivas del aprendizaje y del pensamiento en la
infancia, la adolescencia y la vida adulta".[25]
De todo esto derivamos que, en el contexto
educativo, conviene usar la noción de capacitación con extremo cuidado, entendiendo esta noción en un sentido
distinto del empleado en el mundo de las empresas, es decir en tanto que es el
proceso mediante el cual un maestro facilita que el estudiante se vuelva capaz de enfrentar una situación problemática determinada
utilizando el recurso de la acción algunas veces pero también acompañando tal
recurso con elaboraciones discursivas apropiadas. En este
sentido, coincidimos con Ausubel cuando afirma que “contrariamente a las
creencias expresadas en muchos círculos educativos, el aprendizaje verbal
basado en la recepción no tiene que ser necesariamente memorista o pasivo (como
suele ocurrir con tanta frecuencia en la práctica educativa real), (…) y que el
aprendizaje basado en el descubrimiento también puede ser de naturaleza
memorista, como suele ocurrir en la mayoría de las aulas".[26] En muchos casos, el discurso también puede,
y de hecho lo hace, contribuir importantemente al desarrollo de las
competencias, por tanto no creemos que optar por la capacitación como el medio
ideal para el desarrollo de capacidades operativas tenga que excluir el
discurso expositivo de forma tan radical como sugiere Pérrenoud .
La competencia moviliza los saberes
La literatura se
refiere insistentemente a la relación entre las competencias en tanto
estructuras cognitivo-operativas complejas y los saberes en tanto unidades de
comprensión y acción real. A este respecto conviene analizar y reflexionar la
naturaleza de tales saberes y la forma como éstos se movilizan una vez que el
sujeto entra en relación con la realidad que demanda de él determinados
desempeños, ya que no hemos encontrado en los textos teóricos revisados una
definición unívoca de tal noción, ni se nos ha explicado todavía en detalle
como sucede la movilización referida.
En
este sentido, “los saberes”, es una expresión
difusa que en la literatura igual refiere a conocimientos, que a habilidades,
valores o actitudes. Pensamos por tanto que en el contexto de las competencias, podríamos entender tales saberes como unas ciertas unidades
cognitivas que nos permiten, sobre todo, comprender la realidad y actuar en
consecuencia de una determinada manera. Por ello nos
identificamos con Barnett cuando postula: “Sería mucho más contundente decir
que las comprensiones del actor son parte constitutiva de la acción”.[27]
Ahora
bien, estas unidades cognitivas en primera instancia se fundan siempre en algún
tipo de conocimiento, ya que tanto las habilidades, los valores y las
actitudes, parten de la comprensión de un determinado conocimiento del objeto
sobre del cual se ven exigidas a movilizarse. No estamos diciendo que la
habilidades, los valores y las actitudes sean en el fondo conocimientos de
distinto tipo, sino más bien que tanto las habilidades como los valores y las actitudes, contienen en su
seno conocimientos[v15] a partir de los cuales se manifiestan en las actuaciones de
los sujetos. Las habilidades de manejo de una persona –por ejemplo- no
podrían manifestarse en la acción de manejar un auto por la ciudad, si no se conocieran y por tanto re-conocieran todos los objetos
involucrados en esa acción de manejo; del mismo modo, nos parece que los
valores y las actitudes parten siempre de determinados supuestos fundados en
los conocimientos que el sujeto
tiene de los objetos que originan, precisamente, su respuesta valoral y
actitudinal; puede ser que tales conocimientos sean falsos o verdaderos, y en
ese sentido sus valoraciones y actitudes resulten adecuadas o inadecuadas, pero
lo que nos importa ahora señalar es que tales valores y actitudes están
fundadas al fin en conocimientos.
Ahora
bien, respecto a la forma como los conocimientos son movilizados por el sujeto
con el fin de construir una nueva competencia, conviene que hagamos algunas
precisiones. Debemos enfatizar antes que nada que cuando Pérrenoud afirma que "la construcción de
competencias es inseparable de la formación de modelos de movilización de
conocimientos de manera adecuada, en tiempo real, al servicio de una acción
eficaz” [28], está dando por
hecho dos supuestos. En primer lugar que toda construcción de competencias está fundada en
conocimientos previamente existentes en el propio sujeto, y en segundo lugar,
que tales conocimientos se ven movilizados a través de modelos pero a partir de
la acción que los demanda a fin de que el sujeto se desempeñe eficazmente. De ahí que Pérrenoud
afirme: "Una competencia se reconoce al relacionar de manera
adecuada los conocimientos previos con un problema".[29]
Esta
afirmación de Pérrenoud , unida a aquella en que expresaba que “en un trabajo centrado en las competencias[v16] , el problema es el que organiza los conocimientos”[30], nos sugiere que los conocimientos se ven movilizados justo
en el mismo momento en que la estructura que los contiene es exigida a ponerlos
al servicio de una competencia debido a la acción del sujeto sobre una
determinada realidad problemática. Tal acción –como
ya se ha dicho antes en la definición- puede estar orientada a satisfacer
necesidades, atender situaciones, resolver problemas, tomar decisiones y/o
alcanzar objetivos, pero siempre y necesariamente demandará de la estructura
cognitiva del sujeto, aquellos viejos
conocimientos que mejor se acomoden a los requerimientos que la nueva
situación exige. Es la realidad problemática frente a la que el sujeto se
encuentra, la que dispara <en> la estructura cognitiva el movimiento de
viejos conocimientos a fin de comprender la situación y
resolverla generando así nuevos conocimientos: “El conocimiento y la comprensión –afirma Barnett- vand e la
mano con la competencia. El conocimiento y la comprensión se deben construir
desde el comienzo, forman parte integral de la competencia, siendo
constituyentes significativos de ella”.[31]en pos de los nuevos. De tal circunstancia –según Pérrenoud
- emergerá una nueva competencia.
Ahora
bien, aunque tanto estas como otras definiciones nos indican que las
competencias movilizan conocimientos, no
nos indican cómo lo hacen ni cómo son las estructuras cognitivas en que tales
movilizaciones se fundan. Entendemos que la movilización de conocimientos
no puede ser un acto que arranque –por decirlo de algún modo- de cero. Tal
movilización creemos supone unos conocimientos movilizados y una estructura
cognitiva que los moviliza. Para el
propio Pérrenoud tales estructuras
cognitivas están sustentadas en la noción de esquema de Jean Piaget en tanto
que para él, son estos esquemas precisamente los que se ven organizados por las
competencias.
Al respecto,
Pérrenoud plantea: "¿una competencia es un
simple esquema? Diría más
bien que una competencia organiza un conjunto de esquemas. Un esquema es una
totalidad constituida, que sirve de base a una acción o a una operación
singular, mientras que una competencia de cierta complejidad pone en práctica
varios esquemas de percepción, de pensamiento, de evaluación y de acción, que
sirven de base a inferencias, anticipaciones, transposiciones analógicas,
generalizaciones, al cálculo de las probabilidades, al establecimiento de un
diagnóstico a partir de un conjunto de indicios, a la investigación de
informaciones pertinentes, a la formación de una decisión, etc.".[32]
Siguiendo el
pensamiento de Pérrenoud en el marco
constructivista de Piaget, postulamos que la competencia se desarrolla como consecuencia
del proceso de adaptación del ser humano a través precisamente de la
reorganización de sus esquemas durante las operaciones cognitivas de
acomodación y asimilación[33] al enfrentar la realidad como problema <en> la acción. Todo ello corroboraría nuestra
hipótesis: las competencias no se adquieren, ni se construyen de pronto y de la
nada, sino que se desarrollan[v17] a partir de organizaciones de esquemas de acción
anteriores, de la misma manera que los nuevos conocimientos no se construyen,
sino a partir de unos conocimientos anteriores.
Entendido así, tanto las competencias como los conocimientos nuevos son el
resultado de la transformación adaptativa de los esquemas de acción. Por acción entendemos aquí no sólo la
actividad física[v18] externa del sujeto, sino el conjunto de operaciones
afectivas, cognitivas y conductuales que se ven comprometidas en el proceso de
encarar la realidad y actuar en ella.
Bajo
esta perspectiva pues nos aparece que para lograr el desarrollo de las
competencias, el estudiante tiene que estar enfrentado a situaciones
problemáticas cuyas exigencias de acción lo obligan a movilizar sus viejos
conocimientos en pos de unos nuevos, reorganizando así sus propios esquemas de
acción, es decir, que el
aprendizaje que mejor desarrolla las competencias es un aprendizaje que se
encuentra situado.
A partir de este análisis, los maestros hemos
de diseñar situaciones[v19] problemáticas que induzca a la organización de los esquemas
de entendimiento de los estudiantes a entrar en lo que Ana María Prieto llama conflicto cognitivo[34] con base en la teoría Piagetana[35], obligando a
estos esquemas a movilizarse en pos de su reorganización, misma que sirva al
propósito de comprender y resolver la nueva situación. En éste proceso serán
construidos los nuevos conocimientos debido, fundamentalmente, a que los viejos
esquemas se verán forzados a reorganizarse generando así una nueva competencia.
Ahora bien,
referirnos al aprendizaje situado sólo en términos de acción, puede conducir al
mismo equívoco que hemos venido señalando. La acción respecto de una situación
problemática es importantísima, pero no es suficiente, y puede conducir al
diseño de estrategias educativas totalmente inapropiadas. Ya antes hemos
referido el caso –como ejemplo- de un joven siendo obligado inútilmente a volar
un 747. De todo esto pues se
desprende que no basta situar el aprendizaje en una realidad problemática, sino
que tal acto cumpla con otros requisitos.
El aprendizaje: construcción del sí mismo
Hasta
ahora hemos llegado a la idea de que las competencias se desarrollan gracias a
la existencia de unos conocimientos previos, de una estructura cognitiva que
los moviliza y una situación problemática que desencadena el proceso una vez
que el sujeto ha elegido, <en> la acción, resolver la situación a la que
se enfrenta. En el marco constructivista de Piaget, ello constituye un sistema que implica lo que él mismo llama
las invariantes funcionales, es decir, la organización de los esquemas y el proceso
de adaptación con sus dos caras: la asimilación y la acomodación.
De modo que ya podemos decir que esa
estructura de la que hemos venido hablando, que moviliza los conocimientos,
constituye lo que Piaget llama la organización[v20] de esquemas. En este mismo
sentido, para Ausubel también existe una estructura cognitiva puesto que ahí
es, según él mismo, donde se contienen las ideas que hacen posible el fenómeno
del aprendizaje: "La adquisición y la retención de conocimientos son el producto de un proceso activo, integrador
e interactivo entre el material de instrucción y las ideas pertinentes en la
estructura cognitiva del estudiante con las que las nuevas ideas se pueden
enlazar de maneras particulares".[36] Moreno, por su parte, en
el contexto educativo de la psicología humanista ha desarrollado un concepto muy
similar al de esta estructura cognitiva que hemos venido analizando: "A través de la interacción con otras
personas, los seres humanos forman un esquema conceptual referencial y
operativo (ECRO) mediante el cual configuran una visión determinada de sí mismos,
de los demás, de la sociedad y de la realidad en general. Este esquema
es algo así como el cristal a través del cual percibimos la realidad y le damos
un significado y matiz propios".[37]
Para él,
"las acciones educativas se dirigen, por lo mismo, a revisar el esquema
conceptual referencial y operativo para facilitar la acción responsable,
consciente y eficaz en la transformación de la realidad. En algunos momentos,
(…) se orienta a enriquecer el campo perceptual, a elaborar un ECRO más
adecuado, dinámico, flexible y rico en su configuración. El aprendizaje, desde este punto
de vista, se considera un proceso de descubrimiento de significados personales
sobre la realidad que se percibe, tal como es percibida por la persona".[38]
De
modo que, si hemos entendido bien, el proceso de adaptación de Piaget
constituye un proceso de aprendizaje que va más allá de sólo incorporar al
sujeto conocimientos provenientes de la realidad. De hecho el propio Piaget
considera que "el conocimiento no puede concebirse como si estuviera
predeterminado, ni por las estructuras internas del sujeto, puesto que son el
producto de una construcción efectiva y continua, ni por los caracteres
preexistentes del objeto, ya que sólo son conocidos gracias a la mediación
necesaria de estas estructuras, las cuales los enriquecen al encuadrarlos”.[39] Así pues, si bien la estructura
cognitiva moviliza conocimientos –en palabras de Pérrenoud - no los contiene
como si estuvieran ya presentes en alguna parte dentro del sujeto: "el
conocimiento –afirma Piaget-
no procede en sus orígenes ni de un sujeto consciente de sí mismo ni de objetos
ya constituidos que se le impondrían; más bien resultaría de interacciones que se producen a
medio en el camino entre ambos y por tanto depende de los dos a la vez".[40] Esto nos lleva a
afirmar que el conocimiento –como quiera que se conciba- no existe previamente
como si fuera ya de hecho una “microestructura cognitiva” o algo así, sino que
sólo existe en el instante justo en que se le construye propiciando una reorganización
de los esquemas desde donde volverá a reconstruirse tantas veces como sea
necesario. Así, todo conocimiento
es siempre una construcción[v21] cognitiva y no una microestructura pre-existente en alguna
parte del cerebro.
Ahora
bien, aunque de estas afirmaciones derivamos que los conocimientos no se
“almacenan” en la estructura cognitiva, ni ésta los contiene en modo alguno,
mucho queda en ella como producto de la adaptación del sujeto cognoscente con
la realidad, puesto que, como hemos afirmado, al construir conocimiento el
sujeto se modifica estructuralmente. Su organización de esquemas cambia a cada paso como producto de los
procesos de asimilación-acomodación. Ello lo podemos entender mucho mejor si reconocemos el
sentido profundo de la noción de aprendizaje que no es el de traer datos de la
realidad al interior del sujeto, llámese memoria[v22] o de cualquier otra forma, sino en tanto que ello
constituye una apropiación de la realidad que el sujeto asimila transformándose
a sí mismo, acomodándose al mismo tiempo que asimila, diría Piaget. En este sentido,
debemos entender el
aprendizaje con “h” intermedia: aprehendizaje. Ya Flavell, interpretando a Piaget, lo ha señalado con
claridad: "la aprehensión de la realidad es siempre una construcción
asimilativa efectuada por el sujeto tanto como una acomodación del sujeto.
Gómez de Silva por su parte nos
señala que “aprendizaje”
es una palabra que deriva de la raíz latina “aprendere 'asir mentalmente; asir', de apprehendere 'asir mentalmente”.[41] Así mismo, nos dice que prender, viene de "-prender 'coger, asir; sujetar, fijar':
latín vulgar prendere, del latín prendere, prehendere 'coger, asir',…".[42] De modo análogo,
Abbagnano señala lo siguiente: "Aprehensión (…) Término introducido por la
escolástica del siglo XIV para designar el acto mediante el cual se apresa o
adopta como objeto un término cualquiera (concepto, proposición o cualidad
sensible)”.[43]
He
aquí pues que la noción de aprehendizaje en su origen
etimológico, nos devela el acto intelectual humano de prender, de coger, de
apresar, de adoptar, en fin, de un acto mental de apropiación.
En
este mismo sentido, Wertsch, interpretando a Vigotsky a propósito del
aprendizaje de las herramientas psicológicas, postula: "los individuos se
<apropian> (un término posteriormente utilizado por Leontiev, 1959) de
esos instrumentos de mediación".[44] El propio
Ausubel, hablando del aprendizaje significativo, clarifica esta misma cuestión
de manera que no nos deja ya duda alguna: "el término <adquisición>
también tiene el significado más usual y general de <apoderarse> de nuevos significados (conocimientos) que
antes no se comprendían o eran inexistentes".[45] Por su parte,
Cristina Cárdenas, más en lo general, enmarca en el constructivismo la noción
de apropiación del conocimiento distinguiendo las posturas pedagógicas
constructivistas, justo a partir de esta noción de apropiación activa del conocimiento: "Subrayar
el papel activo del estudiante –afirma ella- es cuestionar la asimilación
pasiva y acrítica de conocimientos: el conocimiento culturalmente convalidado
está a la disposición de todos, pero cada cual se lo apropia de manera
diferente y específica; en otras palabras, lo re-construye. Desde este punto de vista, todas
las posturas pedagógicas que favorecen la apropiación activa del conocimiento
serían constructivistas".[46]
Por
otro lado, en al ámbito
educativo de la psicología[v23] humanista, la concepción
de aprendizaje como apropiación es todavía más
radical: "El aprendizaje significativo –postula González- es la piedra angular de la educación
centrada en la persona.
Este aprendizaje consiste en asimilar uno mismo lo aprendido, hacerlo propio
tal como se hace con el alimento que se ingiere, se digiere y se asimila".[47] Llama la
atención que Flavell usa la misma figura: "Para usar las palabras de
Piaget –postula él-, todos los objetos alcanzables se convierten en 'alimentos'
que nutren el esquema". [48]
Ahora bien, es a
través de estas operaciones de aprendizaje, en el mismo sentido que lo hemos
venido analizando, que el sujeto se construye a sí mismo prácticamente desde
que es un bebé. "En un principio, como ya se dijo, el bebé –afirma
Flavell- no conoce el yo ni el mundo como entidades distintas y separadas; sólo
experimenta una mezcla de sentimientos y percepciones que acompañan a lo que un
observador adulto calificaría de contactos entre sus acciones y los objetos
exteriores. En realidad, la cognición comienza en la frontera entre el yo y el
objeto, y con el desarrollo invade al yo y al objeto a partir de esta 'zona de
indiferenciación' inicial".[49] De ahí que el mismo afirme luego: "El sujeto es concebido
como una entidad siempre organizada que acomoda sus esquemas (las unidades
básicas de esta organización) a la realidad externa a medida que asimila la
realidad a los esquemas”.[50]
Esta noción constructivista del aprendizaje, en tanto apropiación de la realidad construida para
asimilarla a la propia estructura cognitiva (organización de esquemas) al mismo
tiempo que se acomoda ésta a aquella para poder incorporarla, nos devela la
verdadera naturaleza apropiativa (aprehensiva) del aprendizaje.
Ahora
bien, dando un paso más adelante, pensamos que al apropiarse del conocimiento
en tanto construcción de la realidad, el sujeto se encuentra al mismo tiempo
optando por una de las distintas posibilidades que tiene siempre frente a sí
pues todo aprendizaje
sucede en la acción y toda acción es en sí misma una elección. En tal
acción se está apropiando para sí de aquel
conocimiento que está construyendo, pero al hacerlo en el mismo acto se está apropiando de la realidad,
la está haciendo propia. En este sentido,
la apropiación de un conocimiento, por ser el que se ha optado por construir,
se ha vuelto conocimiento propio. En este sentido,
es el conocimiento de la realidad que se ha vuelto propiedad del ser humano que
lo ha construido, lo que al mismo tiempo construye al sujeto como tal. El sujeto, una vez que ha optado
por construir un conocimiento de determinada manera, hace que tal conocimiento
le pertenezca y, al pertenecerle, deja de ser un conocimiento abstracto y se
vuelve parte concreta de sí mismo. Así, la
construcción que el ser humano va haciendo de la realidad, debido a la
apropiación, se va volviendo construcción también de sí mismo; al optar frente
a la realidad aprehendiendola de una determinada manera, va volviéndose realidad propia (organización).
De ahí pues que, “de
acuerdo con Aristóteles, el auténtico conocimiento intelectual logra que el
contenido captado se haga uno con el sujeto que conoce. Los
conocimientos auténticos forman parte de la substancia del sujeto
cognoscente".[51] El aprehendizaje
con “h”, entendido así, no es una cuestión de simples conocimientos abstractos
al acervo del sujeto como si ello constituyera un banco de conocimientos en
algún cajón cognitivo de la estructura. El aprehendizaje, es más bien un proceso adaptativo
mediante el cual, construyendo el conocimiento de la realidad, del mundo, el
sujeto se construye a sí mismo como ser humano, siempre reorganizando -en todo momento- la propia
estructura cognitiva desde donde continuará readaptándose indefinidamente a
través de sus propios procesos de asimilación y acomodación. Ésta es la
epistemología fundamental de Piaget:
“el organismo cognoscente es en todos los niveles un agente muy, muy activo que
siempre afecta al medio, que construye concretamente su ambiente asimilándolo a esquemas al mismo
tiempo que acomoda estos esquemas a las restricciones del ambiente".[52]
Debido
a todas estas consideraciones pensamos que todo aprendizaje es siempre un
aprendizaje con “h”, en tanto que es apropiación de la realidad y construcción
del sí mismo, y por ello
precisamente, un aprendizaje significativo. Postulado así, sin embargo, parece
que entramos en contradicción con algunos autores que afirman más bien que hay
unos aprendizajes significativos y otros que no lo son. ¿Es esto cierto?
El aprendizaje significativo
Hablar
de aprendizaje significativo nos obliga a revisar la noción de mediación, ya que por alguna razón -que no acabamos de comprender- a esta
noción educativa se le han otorgado unos atributos que según creemos no tiene. Se dice –por ejemplo- que el maestro media[v24] conocimientos, pero ya hemos visto como los conocimientos
no están predeterminados en los objetos ni en la estructura cognitiva de quién
los aprehende, sino que éstos son el producto de una construcción desarrollada
por el propio estudiante, por tanto no existe conocimiento alguno que mediar previo a la construcción del mismo. De modo que, si
el maestro no media conocimientos
¿qué media? Si por mediación[v25] se están entendiendo los esfuerzos del maestro por crear
condiciones propicias para que el estudiante construya conocimiento, entonces
tal mediación se refiere únicamente a cómo se provee de un medio, y aun esto es dudoso ya que el medio es algo que también el estudiante construye bajo las mismas
operaciones cognoscitivas antes analizadas. Por otro lado,
si por mediación se está entendiendo aquella acción del maestro para proveer al
estudiante de determinadas herramientas, sean estas físicas o psicológicas,
entonces mediar aquí ha de
entenderse únicamente como poner en medio, es decir, entre
el objeto de aprendizaje y la estructura cognitiva del estudiante, unos ciertos
instrumentos.
Así, nos parece que la noción de mediación no tiene el atributo adjudicado de proveer conocimientos,
ni siquiera el de organizar el aprendizaje ya que éste se organiza por el
propio estudiante a partir de su interés por aprender una determinada cosa. Proveer el
interés por aprender, -si así es como se quiere entender mediación- nos resulta todavía más difícil de conseguir. Si no se pueden
transmitir conocimientos, menos se puede “colocar” un interés donde no lo hay.
Pueden, eso sí, asociarse las necesidades del estudiante a un determinado
producto educativo (contenidos), tal como lo hacen los publicistas con los
anuncios, asociando un auto lujoso a las necesidades de reconocimiento de un
potencial cliente, pero este tipo de estrategias, aunque muchos maestros las
realizan, no nos parece que constituya la esencia de las acciones de un buen
maestro, menos aún de un buen maestro universitario que supone fomentar la
capacidad crítica de los estudiantes.
De
modo que no creemos que sea posible mediar, y menos todavía proveer,
aprendizajes significativos.
No nos parece que los aprendizajes significativos sean una consecuencia directa
de lo que un maestro hace o deja de hacer, como quiera que se entienda la
noción de mediación, sino de lo que un estudiante hace o deja de hacer a
propósito de unos contenidos temáticos, pero sobre todo, de lo que está ya presente
en su umbral de desarrollo como necesidad personal de adaptación a su propio
mundo. Tampoco creemos que cambiar el término de mediación por otro muy común
en la educación, facilitar, modifique sustantivamente lo aquí afirmado.
Más
bien creemos justo lo
contrario, es decir, que no es posible mediar ni facilitar[v26] el aprendizaje significativo, sencillamente, porque el
maestro no puede mediar ni facilitar las necesidades cognoscitivas intrínsecas del estudiante
que fundan sus procesos de adaptación. Puede proveer las herramientas físicas o
psicológicas que supone que el estudiante necesita, pero la consecuencia de esta
acción fundada en tal suposición puede resultar muy azarosa, ya que bien puede
el estudiante estar necesitando herramientas muy distintas de las que el
maestro supone. Mucho ganaría la
praxis educativa si el maestro
se preocupara por escuchar[v27] al estudiante y por responder lo más cerca posible a las necesidades cognoscitivas del
estudiante siendo consciente de que lo hace desde los propios marcos
teórico-prácticos de entendimiento y resolución de la realidad que el maestro
tiene asimilados y que practica en su mundo profesional. No olvidemos que
también el maestro está en proceso continuo de adaptación, y por tanto de
aprendizaje con “h”, en los mismos términos aquí analizados. Al enseñar, el maestro está -en el
mismo acto- aprehendiendo[v28] realidades, haciéndolas propias, y por tanto,
construyéndose también a sí mismo.
Ahora
bien, una vez expuestas nuestras reservas
respecto de la noción de mediación, queremos ahora analizar la noción de
aprendizaje significativo a partir de la forma como se entiende en el ámbito
educativo. Al respecto debemos consignar al menos dos formas.
Carl R. Rogers,
fundador del enfoque educativo de la psicología humanista-existencial
denominado genéricamente “Educación centrada en el estudiante”, afirma en su
segunda hipótesis[53]: "Una persona
aprende significativamente sólo aquellas cosas que percibe como vinculadas con
la supervivencia o desarrollo de la estructura del sí-mismo (self)".[54] Luego, en su tercera hipótesis, el propio Rogers vuelve a
postular la misma idea sólo que ahora expresada en términos de resistencia:
"Tendemos a resistir a la
experiencia que, al ser asimilada, implicaría un cambio en la organización del
sí-mismo, a través de la negación o de la distorsión de la simbolización. La
estructura y organización del sí-mismo parecen hacerse más rígidas frente a las
amenazas, y relajar sus límites cuando hay una ausencia absoluta de amenazas.
La experiencia que se percibe como incongruente con el sí-mismo sólo puede ser
asimilada si la organización habitual del sí-mismo se relaja y se expande para
incluirla".[55]
Estas
dos hipótesis se ligan de manera muy importante a la primera: “No podemos
enseñarle a nadie directamente, sólo podemos facilitar su aprendizaje”[56], y constituyen
el núcleo fundamental de la noción de facilitación de éste y otros
enfoques educativos humanistas. De tales hipótesis el propio Rogers ha
desprendido que la primera tarea del maestro es crear condiciones en el aula
que no amenacen la estructura del sí-mismo del estudiante. Así lo expresa en su
cuarta hipótesis: "La situación educativa que promueve más eficazmente un
aprendizaje significativo es aquella en que 1) las amenazas al sí mismo del estudiante
se reducen a un mínimo, y 2) se facilita la percepción diferenciada del campo
de la experiencia".[57]
Rogers
mismo busca clarificar estas ideas usando un ejemplo iluminador:
"supongamos –señala él- que la información que se proporciona se refiere a
la topografía de cierta región. ¡Cuán diferente será el aprendizaje de un grupo
que atiende porque tiene la obligación de seguir un curso de geografía, del de
un batallón de infantería que tiene que ir a esos montes y valles para luchar
contra el enemigo! La implicación del sí-mismo es muy escasa en
el primer grupo, y muy profunda en el segundo".[58]
En este sentido pues, compartimos con Rogers
que un aprendizaje pueda ser más significativo que otro en función del grado de
vinculación que guarde éste con la sobrevivencia o el desarrollo del sí-mismo, pero no compartimos la idea de que pueda haber
aprendizajes que no sean significativos en absoluto como lo supone su segunda
hipótesis.
Por
otro lado, Ausubel, constructivista como Piaget, ofrece otra manera de entender
la noción de aprendizaje significativo: "Cuando una nueva idea a –postula él- se
aprende de una manera significativa relacionándose e interaccionando con una
idea establecida pertinente A de la estructura cognitiva, las dos ideas se modifican y a se asimila a A, la idea ya
establecida".[59] Ello quiere
decir, en sus propias palabras que "el aprendizaje (…) de carácter significativo[v29] depende, en primer lugar, de relacionar material nuevo y
potencialmente significativo con ideas pertinentes de la estructura cognitiva
del estudiante".[60]
Estas dos formas
de definir lo que es el aprendizaje significativo, aunque parecen ser muy distintas, si consideramos lo ya analizado antes a
propósito del aprehendizaje con “h”, veremos que las dos se refieren a lo mismo; de hecho, ambas
formas, tanto la humanista como la constructivista, están recogidas en los
trabajos de Ana María González a propósito de lo que ella considera son las dos
primeras características del aprendizaje significativo: " 1) Se asimila en el plano del ser. (…) 2) Se
integra a conocimientos anteriores”.[61]
Así
pues, fundados en lo que hemos analizado al respecto, podemos afirmar que la estructura del sí mismo –como la llama Rogers- no es otra cosa
que la estructura cognitiva de Ausubel
donde, según Piaget, se reorganizan los esquemas de asimilación en virtud de la
acomodación de éstos a la realidad construida por el propio sujeto al construir
el conocimiento, es decir, al desarrollar cualquier aprendizaje apropiándose
–como ya lo expusimos- de esa misma realidad construida para hacerla parte de sí mismo: “Llamaremos acomodación –postula Piaget- a toda modificación
de los esquemas de asimilación por influencia de las situaciones exteriores
(medio) a las cuales se aplica”.[62] La asimilación
de nuevos significados a los viejos y la acomodación de los viejos a los
nuevos, implica la actualización del sí-mismo del sujeto
cognoscente en tanto que es en esta organización de esquemas para interpretar y
comprender la realidad que el sujeto tiene su fundamento vital como ser bio-psico-social.
En virtud de
estas consideraciones pues, es que creemos que todo aprendizaje tiene siempre algún grado de
significación para cada sujeto. Obviamente hay aprendizajes que sólo son
importantes para los estudiantes universitarios porque es necesario aprobar una
materia determinada. Todos hemos
pasado por asignaturas odiosas que hemos tenido que aprender[v30] aunque sea sólo de manera discursiva y memorística, pero aun en estos casos, la importancia que han tenido esos
aprendizajes obligatorios esconden algún significado. Otro caso puede ser el
dato de un número telefónico deseado –ejemplo que ya dimos antes- que si bien
es apenas un dato de 8 dígitos, significa para el adolescente un ámbito de
posibilidades de realización personal.
En
este sentido pues, no hay desde nuestro punto de vista, aprendizajes no-significativos. Que
las razones para llamar a un aprendizaje “significativo”, sean que en tal
aprendizaje se asimilan significados nuevos a los viejos reconstituyéndose así
como significados nuevos, o que la estructura del sí mismo se ha desarrollado
en base a haberse re-organizado en sus propios esquemas de acción, o que
simplemente lo aprendido satisface una necesidad, no cambia el hecho de que
todo aprehendizaje con “h” ha implicado necesariamente una apropiación de la
realidad construida durante el momento de la adaptación, donde tal construcción
es asimilada al mismo tiempo que el sujeto se acomoda a ella, re-organizando
así la propia estructura cognoscitiva de los esquemas de entendimiento de la
realidad que no es otra cosa que el sí-mismo del sujeto <en> esa acción
de estar eligiendo a cada momento de su vida cómo estar en la realidad. Creemos
–como ya lo analizamos- que al optar un sujeto por construir el conocimiento de
la realidad de una determinada manera, está al mismo tiempo optando en esa
acción por una posibilidad que lo posibilita como ser humano. De ahí que toda
construcción del conocimiento constituya siempre una re-organización de los
propios esquemas de entendimiento de la realidad. Zubiri, desde la Antropología
filosófica, lo expresa de la siguiente forma: “El hombre (…) tiene que optar
por el modo de estar en la
realidad. El poder en cuestión, es pues, un poder estar en la
realidad de una forma más bien que de otra. (…) Es el tercer sentido del
<poder>: junto al poder como potencia y junto al poder como facultad, el
poder como posibilitante”.[63] Para
nosotros, este poder posibilitante del sujeto, es el poder de apropiación de
una posibilidad que toda construcción de conocimiento abriga, de una
posibilidad que por ser elegida, precisamente, se vuelve la posibilidad posibilitante, y por haber sido
apropiada, se vuelve posibilidad posibilitante en propiedad de sí mismo.
Sobre
estos conceptos, sólo una palabra más. Cuando usamos la noción de estructura
cognoscitiva, no nos estamos refiriendo únicamente a una organización de
esquemas abstractos de conocimiento puro desarticulados de las emociones, o de
esquemas que se organizan respecto de las abstracciones construidas en tanto
conocimiento conceptual sin conexión alguna con los afectos y las pasiones,
sino que en tal estructura se encuentran comprometidos todos los niveles de la
dinámica intra-psicológica humana: lo psico-motor, lo afectivo, lo imaginativo
y lo valoral, además de lo estrictamente conceptual. En este sentido,
compartimos con Flavell su modo de entender a Piaget: "De este modo,
-señala Flavell- el afecto y la cognición pueden separarse con propósitos
analíticos, pero son indisociables en la vida real; ambos se hallan forzosamente
comprometidos con toda adaptación humana. El aspecto afectivo-motivacional
proporciona la energétique del comportamiento, mientras el aspecto cognoscitivo proporciona
la estructura (la afectividad no puede crear estructuras por sí misma, aunque
influye en la selección del contenido de realidad sobre el que operan las
estructuras)".[64]
Ahora
bien, sin entrar al análisis problemático de esta última parte en la cita de
Flavell, enfatizamos el carácter holístico que supone cada adaptación humana.
Por ello, nos seduce la concepción que Edgar Morin tiene del ser humano al
concebirlo como un ser complejo en autoconstrucción evolutivo-dialógica donde
la razón y la locura tienen asiento: “La dialógica sapiens-demens –afirma Morin-
ha sido creadora al tiempo que destructora. Razón y locura ni siquiera se
excluyen una a otra. Demens a menudo ha
inhibido aunque también en ocasiones ha favorecido a sapiens”.[65]
Aprendizaje situado
Hemos
dicho antes que, en general, las
universidades usan la noción de aprendizaje situado en un sentido muy
restringido al considerarlo sólo como una forma de <ubicar> los procesos
de enseñanza-aprendizaje de unos determinados contenidos <dentro> de
aquellas situaciones profesionales problemáticas que permitan desplegar
acciones a través de las cuales se pretende desarrollar cierta competencia, y
por ello, queremos ahora insistir en que, además de situar el aprendizaje en
estos términos profesionales concretos, a la par, debemos considerar dos modos anteriores –cognoscitivamente
hablando- de situar el aprendizaje. Se trata de: 1) el interés del estudiante
por aprender algo; y 2) las posibilidades reales que tal estudiante tiene para
acometer con éxito la tarea de construir un determinado conocimiento[66].
Situar el aprendizaje en el interés del estudiante
Para
situar el aprendizaje afectivamente dentro del interés del estudiante, hemos de considerar al menos los tres tipos de
interés que, según Habermas, promueven toda construcción del conocimiento y que
tienen que ver con esta división paradigmática de la epistemología
contemporánea: 1) el interés por
controlar la realidad; 2) el interés por comprenderla de manera holística; y 3)
el interés por transformarla o emanciparse a través de la acción de unas
ciertas relaciones de poder. “El saber empírico-analítico –afirma
Habermas- puede adoptar la forma de explicaciones causales o prognosis
condicionadas, que se refieren a acontecimientos observables; el saber
hermenéutico (en cambio) tiene por lo general la forma de una interpretación de
contextos de sentido transmitidos”.[67] A estos dos
modos de buscar el conocimiento de la realidad, el propio Hábermas agrega uno
más cuyo interés se centra en la emancipación, y cuya herramienta fundamental
es la crítica: “la crítica,
-postula Habermas- (…) está caracterizada precisamente por el hecho de que da cabida en su
conciencia al interés que guía el conocimiento y ciertamente a un interés
emancipatorio que va por encima del interés cognoscitivo técnico y práctico”.[68] Así pues, en
base a estas ideas de Habermas, podemos afirmar que al menos hay tres modos
distintos por los que un estudiante puede decidir hacer el esfuerzo de
construir conocimiento. Cada
modo –según Habermas- se sustenta en un interés que subyace la búsqueda y en cada modo la construcción
de conocimiento se aborda de distinta manera: en el interés por predecir y controlar, el conocimiento se construye buscando
relaciones de causa-efecto; en el interés por interpretar
y comprender el sentido de las cosas, el conocimiento se construye buscando la
estructura de las relaciones que tales cosas guardan con el todo que son y
entre sí; y en el interés por la emancipación o la transformación de una
realidad, el conocimiento se construye buscando aquellas acciones cuyo efecto
trasforme la realidad o las relaciones de poder que el estudiante no desea.
Bajo
estas primeras consideraciones, situar el aprendizaje, implica favorecer el descubrimiento, por parte del
estudiante, de su verdadero interés[v31] por aprender algo, pues sin este reconocimiento, tanto el
estudiante como el maestro se pueden estar equivocando tanto en el fin como en
el modo de aproximarse a la construcción del conocimiento en tanto tarea
educativa.
Por
otro lado, el interés por el
aprendizaje también refiere a
una dimensión social y ética. Situar el aprendizaje únicamente en
los términos que el desarrollo de las competencias demanda, pareciera promover
profesionales capaces del “qué hacer” y del “cómo hacerlo”, dejando preocupantemente fuera de la formación el “con quién” y el “para qué” hacer las cosas. La manera como las universidades se refieren al
aprendizaje situado, implica la búsqueda de personas capaces de aplicar los
conocimientos pero no tanto de ponerlos bajo la óptica de una crítica social y
ética. En este sentido, es
claro el mensaje de Delors respecto de la importancia que a la par del aprender
a conocer y hacer, tienen el aprender a convivir y a ser. "La educación a lo largo de la vida –afirma él- se
basa en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir
juntos, aprender a ser".[69] Él mismo dirige
una crítica a los sistemas educativos formales que sólo privilegian uno de
estos pilares: "Mientras los sistemas educativos formales propenden a dar
prioridad a la adquisición de conocimientos, en detrimento de otras formas de aprendizaje,
importa concebir la educación como un todo".[70]
Situar el aprendizaje dentro de las posibilidades reales del estudiante (Zona de Desarrollo Próximo)
Para
situar el aprendizaje dentro del la
Zona de Desarrollo Próximo del estudiante, hemos de considerar antes que nada su
definición. Vigotsky la definió
como la distancia entre “<el nivel de desarrollo real del niño tal y como
puede ser determinado a partir de la resolución independiente de problemas>
y el nivel más elevado de <desarrollo potencial tal y como es determinado
por la resolución de problemas bajo la guía del adulto o en colaboración con
sus iguales más capacitados>".[71] Wertsch por su
parte, la definió así: "Es la región dinámica de la sensibilidad en la que puede realizarse
la transcición desde el funcionamiento interpsicológico al funcionamiento
intrapsicológico”. [72]
Estas difiniciones nos develan la importancia
de situar cognoscitivamente el aprendizaje dentro de esa zona, pues es sólo
dentro de la capacidad real de aprendizaje que un estudiante tiene posibilidades reales de construir conocimientos que tengan para él sentido. Dicho de otra
manera, para que un estudiante vuele un 747, además de tener un interés real y personal en hacerlo, tiene que tener unos esquemas de
entendimiento de esa realidad organizados de tal manera que la posibilidad real de construir el
conocimiento necesario para hacer volar el avión sea viable cognoscitivamente
hablando. Diana Sagástegui
lo señala con claridad cuando afirma. Ella señala que “las situaciones educativas
deberán estar organizadas en función de las posibilidades de desarrollo
cognitivo de los estudiantes, que Vigotsky llamó la zona de desarrollo próximo
o proximal”.[73] De ahí que ella
misma afirme que, “el
concepto de aprendizaje situado representa un reto que afrontar, más que un
modelo plenamente articulado; la propuesta –termina afirmando- es eminentemente
teórica y se enfila prioritariamente a incidir en la dimensión epistemológica
del aprendizaje".[74]
Dicho en palabras
nuestras, el reto de poder situar
el aprendizaje no se resuelve únicamente reduciendo tal noción a la trivialidad
de situar una acción de aprendizaje en un ámbito concreto de problemas.
Al menos estas otras dos dimensiones intra-psicológicas deben ser consideradas
si se desea tener éxito.
A propósito de las competencias
Como
ya lo hemos expresado antes, nuestro interés fundamental al desarrollar esta
investigación fue el de construir sentido en torno de una única pregunta: ¿Cuál es la relación
estructural entre el desarrollo de las competencias y el aprendizaje
significativo y situado? Señalamos también que
hacíamos esta pregunta enmarcada en un objeto de estudio específico: la construcción del conocimiento; y dijimos que teníamos en mente así mismo un objeto socio-profesional
concreto: los procesos de enseñanzas-aprendizaje en el nivel de
la educación superior.
De modo que
corresponde ahora, con base en lo investigado, analizado y reflexionado aquí,
intentar dar una respuesta suficientemente consistente como para contribuir a enriquecer la teoría en lo que se refiere a
la construcción del conocimiento durante los procesos de enseñanza-aprendizaje
referidos específicamente al desarrollo de competencias profesionales, y al mismo
tiempo, contribuir a mejorar la práctica educativa, en tanto que los hallazgos
aquí compartidos puedan enriquecer la comprensión de los maestros sobre este
modelo educativo.
En
este sentido, reconocemos la
importancia fundamental que tiene para la educación, ubicar el corazón del
proceso de enseñanza-aprendizaje en la acción, en tanto que es en ella que la construcción de
conocimientos se garantiza al poner en conflicto cognitivo la organización de los esquemas de entendimiento de la
realidad que todo estudiante tiene como estructura fundamental para orientar su
propia y muy personal adaptación a la vida; también debido
a que es en la acción y no sólo en el
pensamiento, que el estudiante opta por un modo de estar en el mundo al
aprehenderlo con “h”, al apropiarse de él de un modo específico; y finalmente,
porque es en la acción que el conocimiento toma un sentido singular y propio para
cada estudiante.
Si
embargo, aún dejando en el centro de la praxis educativa universitaria la acción, debemos considerar que el discurso verbal tiene su propia fuerza
y valores cognitivos, y no debe ser por tanto relegado a un segundo plano como
algo indeseable. El lenguaje puede estar, y de hecho está de manera muy
importante, al servicio del desarrollo de las competencias. En este sentido, no debemos olvidar
que el discurso verbal, aunque a algunos educadores les cueste trabajo
asumirlo, es parte sustantiva de la acción.
Así,
muy a propósito del desarrollo de competencias y justo en esos términos en los
que se entiende que la acción moviliza conocimientos, debemos asumir
verdaderamente y hasta sus últimas consecuencias el principio constructivista
de que los conocimientos no pre-existen como tales sino que son construidos en
el momento de la acción misma. De modo que sería más propio hablar de una movilización de los esquemas
de acción que de una movilización de conocimientos, ya que es la movilización
de la organización de los esquemas -producida por los procesos de asimilación y
acomodación que cada acción de adaptación implica indisociadamente- la que
re-construye unos determinados conocimientos en pos de asimilar unos nuevos,
desarrollando así, al fin, una nueva competencia. En este mismo renglón, debemos tomar en cuenta todo el mundo
de afectos y pasiones involucrados en cada acción del estudiante, pues es este mundo
el que provee –en palabras de Flavell- la energétique que acaba determinando la
selección del contenido de realidad sobre del que operan las estructuras
cognitivas, y puede también, por tanto, destruir cualquier andamiaje o
estrategia educativa por más bien diseñada que ésta esté. La selección de la acción no basta si
no se considera a la par, el estado emocional de los estudiantes involucrados.
Otro punto que
nos parece fundamental para buscar el equilibrio en el modo como hoy día se
entiende el desarrollo de las competencias profesionales, es aquel que refiere
tanto al sentido socio-ético -opuesto ciertamente al espíritu de competitividad
neoliberal- como al sentido teórico-crítico que el desarrollo de la práctica
educativa universitaria dejar fuera.
Respecto
de este primer sentido socio-ético que las competencias han de incorporar como
antídoto de una competitividad individualista, comprometida únicamente con los
valores del mercado, debemos decir que los maestros universitarios están
llamados a situar el desarrollo de las competencias no sólo en el ámbito de
atender operativamente las
prácticas socio-profesionales correspondientes, sino también y de manera muy
importante, en el ámbito de atender reflexivamente la dirección socio-evolutiva
de la especie, o dicho de otra manera, atender a los valores de la humanización[v32] , ello, si es que
deseamos construir un mundo civilizado donde el mercado no esté por encima del
destino deseable del ser humano. Saber conocer y saber hacer resuelven la tarea humana de saber el qué y el cómo, pero de ninguna manera alcanzan para resolver social y
éticamente el con quién y el para qué. Para ello, se necesita –en palabras de Delors- saber convivir y saber ser.
Respecto
del segundo sentido teórico-crítico que las competencias han de incorporar al
movilizar conocimientos, como antídoto –en este caso- de una simple y llana
reproducción de operaciones, debemos decir que éstas operaciones, por tender a
ser automatizadas, no incorporan los
aspectos propios del análisis y la reflexión conceptual que permite ver la
acción no sólo desde sí misma y su referente de praxis profesional, sino desde
una búsqueda de conocimiento humano más amplia contenida en los campos del
conocimiento y en la crítica teórica que tales campos requieren para avanzar
sobre de sí mismos. Así, el
desarrollo de determinadas competencias, desprovistas de un sentido
teórico-crítico y orientadas a resolver sólo unos problemas específicos,
tenderá a hacer de cada profesión un simple oficio. No devaluamos en
absoluto la importancia y utilidad que para una sociedad tienen –por ejemplo-
sus fontaneros, al contrario, nos parecen fundamentales y escasos, pero no
creemos que la universidad tenga la función de ofrecer ingenieros hidráulicos
tan operativos que el análisis y la reflexión teórico-critica de sus propios
campos del conocimiento quede en un segundo plano, y por tanto acabe ofreciendo
a la sociedad profesionales que se acerquen más a hacer fontanería que a hacer
ingeniería. La cuestión que nos parece sumamente pertinente señalar aquí, es
que la educación universitaria no se puede dar el lujo de olvidar que las
prácticas socio-profesionales se ha podido desarrollar, gracias a que, al mismo
tiempo que se aplican unos determinados conocimientos en la acción profesional,
éstos se re-construyen indefinidamente analizándolos y reflexionándolos en sus
respectivos campos del conocimiento. Esta última
tarea, ciertamente parecería en principio que sólo debe realizarse en la
investigación formal, sin embargo, en alguna medida, el aula universitaria es
un espacio también de análisis y reflexión teórico-crítica importante donde los
profesionistas regresan precisamente a analizar y reflexionar su praxis con los
estudiantes, si no fuera así, la universidad como institución social se vería
fuertemente limitada. Si los profesionistas docentes sólo regresaran a las
aulas universitarias a ofrecer su praxis sin ningún análisis teórico, acabarían
siendo sólo reproductores de un oficio puramente pragmático. Las profesiones no
avanzarían.
Ahora
bien, podría argumentarse –muchos lo hacen- que estas labores educativas, es
decir, tanto la búsqueda del sentido socio-ético como el sentido
teórico-crítico del conocimiento, son tareas que deben dejarse a las
universidades del primer mundo que cuentan con los recursos y las condiciones
adecuadas. Francamente diferimos de esta postura basados, precisamente, en los mismos argumentos que sustentan el
modelo de desarrollo de competencias. Nos parece que los maestros
universitarios, además de las competencias propias de sus profesiones, están
llamados a desarrollar así mismo las competencias socio-educativas propias de
su que hacer como maestros[75], y no creemos,
en este sentido, que unas sean las competencias de los maestros universitarios
del primer mundo y otras las del resto de los maestros. Por lo demás, sin
entrar aquí en detalles ideológicos, nos parece que una postura así, abrigaría
una falta de sentido común que nos conduciría, en el extremo, a un mundo muy
parecido al mundo feliz de Huxley. Los Alfa analizando y
reflexionando la realidad desde la panacea de los mercados del primer mundo, y
los Delta operando la
maquinaria que los haga funcionar sumisa y eficientemente. Más bien creemos, en
franca oposición, que los todos
los maestros de todas las universidades, si bien están demandados a desarrollar
competencias operativas, también están exigidos por la misma sociedad a
analizar y reflexionar el mundo de la profesión desde los valores sociales y
desde las teorías que constituyen su saber.
A propósito del aprendizaje con “h”
Aprehender,
en los términos aquí analizados, aún en el sentido de desarrollar competencias,
implica el hecho extraordinario de que al elegir una acción como aquella que ha de fomentar el desarrollo de una
competencia, tanto el maestro como el estudiante, están eligiendo una manera de estar en el mundo, y así, una
manera de construirse a sí mismos, pues eligiendo tal acción, están al mismo
tiempo optando por una apropiación del mundo de una determinada manera. La construcción del conocimiento,
aún en sus aspectos más insignificantes, implica una construcción de la realidad, y en este sentido, del mundo y
del modo de estar en él. La cuestión de desarrollar competencias, no es una
cuestión sólo de desarrollar ciertas capacidades para atender determinados
objetos socio-profesionales, sino que al hacerlo, se está, al mismo tiempo,
optando por la construcción de la persona del maestro, del estudiante y, en
cierta forma, del mundo. Ésta es la dimensión existencial insoslayable de toda relación educativa universitaria.
A propósito del aprendizaje significativo
Si
aceptamos que es la acción la que moviliza
la organización de los esquemas de entendimiento de la realidad al momento en
que los procesos de asimilación-acomodación tienen lugar en tanto construcción
del conocimiento, entonces estamos aceptando que todo aprendizaje de facto es
ya un aprendizaje significativo para el estudiante –aunque en distinto grado-
en tanto que son aprendizajes con “h”. Así, en el ámbito propio del desarrollo
de las competencias, tales consideraciones nos llevan directo a darnos cuenta
que las razones por las que un aprehendizaje universitario puede ser
significativo, no se constriñen necesaria y únicamente al desarrollo de las
competencias profesionales respectivas de cada carrera, sino que, por las
mismas razones que se desarrollan éstas, se desarrollan otras competencias
igualmente significativas mediante las cuales el estudiante resuelve su
realidad personal. La competencia para no tener que estudiar y sin embargo
aprobar una materia, es quizá una de las competencias más significativas y
generalizadas en todo el tramo de la educación formal desde la primaria; y esta
competencia tan significativa y generalizada, ha sido desarrollada y
perfeccionada por los estudiantes, al mismo tiempo que otras competencias
curricularmente convalidadas estaban siendo promovidas por los maestros.
Esto nos lleva a reconocer al menos a dos cuestiones
fundamentales: 1) que sea poco o muy significativo un aprendizaje no depende
del maestro, ni de las estrategias educativas, ni del programa, ni de la
institución, sino del propio interés[v33] del estudiante que por lo demás no puede ser “sembrado”
como tal por el maestro; y 2) que el desarrollo de las competencias formales no
esteriliza el espacio educativo ni separa el proceso de enseñaza-aprendizaje
universitario del resto de la dinámica personal del maestro y del estudiante. Estos actores educativos más bien añaden las necesidades
generadas por la realidad educativa universitaria a las que ya de por sí traen
encima.
A propósito del aprendizaje situado
La acción por sí misma no es en ningún caso suficiente para movilizar
la organización de los esquemas sino únicamente en la medida en que tal
organización es demandada por un interés[v34] adaptativo del estudiante. Del mismo modo, la acción no moviliza la organización de estos esquemas si no hay
en ella proximidad cognitiva suficiente a las capacidades propias del
estudiante. Situar el aprendizaje
tiene ciertamente un aspecto inter-psicológico de práctica socio-profesional en
tanto que tal aprendizaje se sitúa en un espacio problemático concreto de la
profesión, sin embargo, debemos reconocer que tiene también un aspecto
intra-psicológico en tanto que este mismo aprendizaje tiene que situarse, cognitivamente
hablando, en el interés personal y en la
zona de desarrollo próximo del estudiante.
El hecho de que
el desarrollo de las competencias esté referido a satisfacer necesidades,
atender situaciones, resolver problemas, tomar decisiones y/o lograr objetivos,
y por ello tal desarrollo esté orientado a enfrentar al estudiante a este tipo
de situaciones problemáticas, sólo muestra una cara del proceso. Elegir la
acción que habrá de desarrollar la competencia pensando en la zona de
desarrollo próximo, refiere a la viabilidad de tal acción como movilizadora de
la organización de los esquemas involucrados; y pensar en el verdadero interés del estudiante, refiere
por lo menos a dos cuestiones importantes: por un lado al contenido de aquellas
acciones que pueden llamar la atención afectiva del estudiante y por tanto
disparar su motivación, pero también al fin ulterior que el estudiante quiere
darle
–epistemológicamente hablando- al conocimiento que habrá de construir[76]. Esta es la otra cara del proceso.
Finalmente,
queremos cerrar este trabajo expresando que, más allá de los resultados y
hallazgos obtenidos en esta investigación, nos parece que el desarrollo de
competencias socio-profesionales –cualesquiera que éstas sean-, en el ámbito
del aprendizaje significativo y situado, no exime a maestros, estudiante y
funcionarios universitarios por igual, de la responsabilidad fundamental que
toda educación universitaria pensamos contiene en su seno. La formación de profesionistas no está
al servicio de las profesiones, sino que éstas y aquellos, se deben a una
sociedad, y ésta, encuentra su sentido más profundo si en vez de mirarse a sí
misma sólo como colectividad productiva, se mira como el proceso mismo de humanización[v35] de la especie.
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COMENTARIOS
Solano Viridiana
¿El aprendizaje es
algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples
preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?
Definitivamente el aprendizaje no puede considerarse trivial,
ya que cuando un sujeto aprehende cambia en muchos aspectos (actitud,
comportamiento, pensamiento…) de tal forma que medirlo con unas simples
preguntas es algo erróneo.
La observación es una técnica que la mayoría de nosotros los
maestros utilizamos para medir o comprobar los aprendizajes de nuestros
alumnos, de ahí se parte a los diferentes instrumentos de observación para
llevar a cabo una evaluación (lista de cotejo, escalas de calificaciones,
registro anécdotico, etc.) pero los aprendizajes van más allá, debido a que
estos no se miden o subordinan.
Al observar que nuestros estudiantes actúan, se desarrollan,
conocen e intervienen ante una situación problemática y comprobamos que
realmente están efectuando un aprendizaje, considero que es más significativo
que simplemente cuestionarlo acerca de uno o varios contenidos.
La construcción del conocimiento, aún en sus aspectos más
insignificantes, implica una construcción de la realidad, y en este sentido,
del mundo y del modo de estar en él, por lo que el aprendizaje no es algo
trivial que se pueda observar y medir a través de unas simples preguntas.
[1]
Barnett, Ronald (2001), Los límites de la competencia, Gedisa, España,
p. 127
[2]
Idem, p. 15
[3]
Idem, p. 29
[4]
Idem, p. 23
[5]
Carson, John (2004), "Definición y selección de competencias:
reflexiones históricas sobre el caso del IQ" en Definir y
seleccionar las competencias fundamentales para la vida, Simone Rychen, Dominique
& Hersc Salganik, Laura, Coordinadores, FCE, México, p. 78
[6]
Arias, Eduardo (2004), "Notas para refrescar la práctica
educativa", en Sinéctica, No 24, Febrero-Julio 2004, ITESO, p. 41
[7]
Perrenoud, Philippe (2002), Construir competencias desde la escuela,
Dolmen ediciones, Santiago de Chile, Chile, p. 23
[8]
Idem, p. 7
[9]
Idem, p. 8
[10]
Ibídem
[11]
Sorprende la definición que la Organización Panamericana
de Salud hace respecto de lo que en su “Guía para gerentes” denominan las Competencias centrales: “Estas
competencias comunican los valores de la organización, definen el desempeño y
están vinculadas a la actividad básica de la organización. Se
aplican universalmente a todo el personal, sin importar el puesto ni nivel que
ocupen en la organización”. (Gestión del desempeño basado en competencias,
OPS Oficina regional de la OMS,
Waschington, D.C., 2000, p. 7)
[12]
Barnett, Ronald, Op. Cit. p. 115
[13]
Gonczi, A. citado en Diseño, implementación y evaluación de programas por
competencias profesionales integradas, de González Gutiérrez, Mercedes;
Espinosa Hernández, Jesús; López, López, José Luis y otros (2002), UG, México,
p. 23
[14]
Idem, p. 33
[15]
Ibídem.
[16]
Ibídem.
[17]
Perrenoud, Philippe, Op. Cit., p. 9
[18]
Idem, p. 10
[19]
La definición referida fue construida inductivamente por los maestros del
departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano del ITESO en una sesión de trabajo
colaborativo durante el Seminario: Desarrollo
de Guías de Aprendizaje coordinado por la Mtra. Lorena Herrero
Serment dependiente del Proyecto de Renovación Educativa de la Dirección General
Académica el 9 de Febrero del 2005
[20]
Supra, p. 14
[21]
Perrenoud, Philippe, Op. Cit., p. 74
(Las cursivas son nuestras)
[22]
Idem, p. 73 (Las cursivas son
nuestras)
[23]
Ausubel, David P. (2002), Adquisición y retención del conocimiento,
Paidós, Barcelona, España, p. 33
[24]
Idem, p. 99
[27] Barnett, Ronald, Op. Cit., p. 114
[28]
Perrenoud, Philippe, Op. Cit., p. 11
[29]
Idem, p. 40
[30]
Supra, p. 17
[31]
Barnett, Ronald, Op. Cit., p. 116
[32]
Idem, p. 30
[33]
"Así como en cualquier proceso adaptativo los objetos deben ajustarse a la
estructura peculiar del organismo, este también debe ajustarse a las demandas
peculiares del objeto. Al primer aspecto de la adaptación se lo ha llamado asimilación.
Al segundo aspecto, el ajuste al objeto, Piaget lo llama acomodación; es
decir, el organismo debe acomodar su funcionamiento a los contornos específicos
del objeto que trata de asimilar".
(Flavell, John H. (1998), La psicología evolutiva de Jean Piaget,
Paidós, México, p. 65)
[34]
Prieto Hernández, Ana María (2005), Aplicación
de la tecnología en la educación básica, Conferencia magistral en el XII
Simposio de Educación, ITESO, México.
[35]
“No hay duda de que en los orígenes del tema (conflicto cognitivo), se
encuentra la teoría piagetana sobre el funcionamiento y desarrollo de la
inteligencia” (Ganuza, F. Bacaicoa 1998, Universidad del país, Bilbao, España,
p. 11)
[36] Ausubel, David P., Op. Cit., p. 13
[37]
Moreno López, Salvador (1997), "La experiencia interna del maestro: un
aspecto descuidado en la formación de profesores universitarios" en Desarrollo
del potencial humano V.4., Lafarga Corona, Juan & Gómez del Campo,
José, Trillas, México, p. 107
[38]
Moreno López, Salvador (1997), "La experiencia interna del maestro: un
aspecto descuidado en la formación de profesores universitarios" en Desarrollo
del potencial humano V.4., Lafarga Corona, Juan & Gómez del Campo,
José, Trillas, México, p. 107
[39]
Piaget, Jean (1970), La epistemología genética, A. Redondo Editor,
Barcelona, España, p. 8
[40]
Idem, p. 14
[41]
Gómez de Silva, Guido (1999), Breve diccionario etimológico de la lengua
española, FCE, México, p. 69
[42]
Idem, p. 560
[43]
Abbagnano, Nicola (1999), Diccionario de filosofía, FCE, México, p. 92
[44]
Wertsch, James V. (1995), Vygotsky y la formación social de la mente,
Paidós, México, p. 96
[45]
Ausubel, David P., Op. Cit., p. 15
[46]
Cardenas Castillo, Cristina (2004), "Acercamiento al origen del
constructivismo", en Sinéctica, No 24, Febrero-Julio 2004, ITESO, p.
12
[47]
González Garza, Ana María (1998), El enfoque centrado en la persona,
Trillas, México, p. 71
[48]
Flavell, John H., Op. Cit., p. 74
[49]
Idem, p. 81
[50]
Idem, p. 283
[51]
Gutiérrez Sáenz, Raúl ( 2001), Introducción a la didáctica, Esfinge,
México, p. 23
[52]
Flavell, John H., Op. Cit., p. 90
[53]
El modelo educativo de Carl R. Rogers se funda en cuatro hipótesis.
[54]
Rogers, Carl R. (1977), Psicoterapia centrada en el cliente, Paidós,
Buenos Aires, Argentina, p. 333
[58]
Idem, p. 334 (Las cursillas son nuestras)
[59]
Ausubel, David P., Op. Cit. p. 169
[60]
Idem, p. 30
[61]
González Garza, Ana María, Op. Cit., p.
81-82
[62]
Piaget, Jean (2000), Biología y conocimiento, Siglo XXI, México, p. 10
[63]
Zubiri, Xavier (1982), Siete ensayos de antropología filosófica,
Universidad Santo Tomás, Bogotá, Colombia, p. 153 y 156
[64]
Flavell, John H., Op. Cit., p. 100
[65] Morin, Edgar (2003), El método; la
humanidad de la humanidad, Cátedra,
Madrid, España, p. 142
[66]
A esta última noción, Vigotsky la
llama Zona de desarrollo próximo.
[67]
Habermas, Jürgen (2000), Teoría y praxis, Tecnos, Madrid, España, p. 19
[68]
Ibídem.
[69]
.Delors, Jacques (2001), La educación encierra un tesoro, UNESCO, México, p.
102
[70]
Idem, p. 103
[71] Wertsch, James V., Op. Cit., p. 84
[72]
Vygotsky citado en Wertsch, James V., Op.
Cit., p. 84
[73]
Sagástegui, Diana (2004), "Una apuesta por la cultura: el aprendizaje
situado", en Sinéctica, No 24, Febrero-Julio 2004, ITESO, p. 33
[74]
Idem, p. 34
[75]
Philippe Perrenoud publicó en Graó en 1999 so obra Diez nuevas competencias para enseñar analizando y reflexionando en
ella diez dominios de competencias prioritarias para la formación continua del
profesorado de primaria pero perfectamente transferibles al ámbito de la
educación superior.
[76]
El interés que subyace epistemológicamente hablando toda construcción de conocimiento
según Hábermas es la predicción, la comprensión o la emancipación.
[v1]Actualmente
con el enfoque por competencias no sabemos los logros que puedan haber, ya que
éste apenas se lleva a la práctica.
[v4]Por
supuesto, en ocasiones no existe un análisis crítico sobre algunos términos y
sólo se ponen para maquillar el currículo.
[v5]El
alumno por estar inmerso en una sociedad posee conocimientos básicos los cuales
se deben retomar para comprender nuevas realidades.
[v7]No
creo que sea absolutamente trivial, cuando un sujeto aprende cambia en actitud,
por lo que no es sólo a base de preguntas o de la observación.
[v8]Se
puede hablar de aprendizaje cuando el niño expresa cambios con respecto a
actitudes, procedimientos y conceptos.
[v9]Considero
que cuando hablamos de la mediación es porque en los estudiantes pueden haber confusiones o dudas respecto a
la apropiación del conocimiento y por eso intervenimos para mediar
oportunamente esa comprensión y así apropiarse del verdader conocimiento.
[v10]Un
aprendizaje es significativo cuando lo aplicamos o lo desarrollamos fuera de la
escuela (en la sociedad) para la resolución o aplicación a una problemática o a
una necesidad.
[v16]Entonces
esto quiere decir que una competencia tiene y debe desarrollarse ante una necesidad, situación o problemática
porque de lo contrario no se puede hablar de ser o no competente.
[v18]Pero
al final se requiere de una acción que demuestre ese conjunto de operaciones
afectivas, cognitivas y conductuales.
[v19]Si,
efectivamente eso es ahora parte de nuestro trabajo, aunque es muy recomendable
que esas situaciones problemáticas vayan de acorde al contexto del niño.
[v20]Por
ello se dice que lo que plantea una competencia no es algo nuevo, lo que cambia
es la terminología.
[v22]Difiero
un poco en este aspecto, debido a que en ocasiones la memoria juega un papel
importante dentro del aprendizaje y no se le puede dejar por desapercibido.
[v25]Ante
esta afirmación que se hace no estoy de acuerdo porque entonces no hacen falta
los maestros para desarrollar o logar aprendizajes.
[v26]Considero
que si podemos facilitar y ayudar a que el estudiante efectué una correcta
estructura cognitiva.
[v30]Estos
son los aprendizajes no significativos, tienen un significado pero no son
significativos porque no hay ninguna re-organización cognitiva, simplemente una
acumulación de datos.
[v32]Esto
es algo muy importante, ya que si dejamos aún lado estos valores es contraproducente
todo avance y desarrollo.
[v34]El
aprendizaje significativo y el aprendizaje situado deben tomar como punto de
partida el interés del niño.
Buenos días Asesor y compañeros.
ResponderEliminarA través de este texto pude realmente concebir el significado de aprendizaje, me pareció muy relevante, aunque también diferí en el en la cuestión del aprendizaje significativo.
Los invito a que lean y comenten mi trabajo, para poder enriquecerlo.
Espero sus comentarios, que tengan un lindo día.
Hola Viridiana.
ResponderEliminarRealmente apenas comenzamos a adentrarnos a este nuevo enfoque basado en competencias y comparto la misma opinión de que el aprendizaje no es algo trivial, ya que, es un proceso muy importante en la educación y que como docentes nos concierne mucho.
Así también, que el aprendizaje debe estar a corde a procedimientos, actitudes y valores que deben ser adquiridos para poder ponerlos en práctica en la vida en sociedad.
Tuvimos anteriormente la oportunidad de revisar el tema del currículo el cual plantea sus elementos los cuales a mi punto de vista en su conjunto encuadran los aprendizajes que los alumnos deben adquirir.
Este tema es muy peculiar en nuestra labor docente y considero que existen muchas otras opiniones más que espero podamos compartir en la sesión presencial.
Me despido deseandote un excelente fin de semana.